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Sindrome del Edificio Enfermo (SBS)

El término del síndrome del edificio enfermo fue creado en 1987, se cataloga al malestar y molestias agudas que parecen relacionarse con el tiempo pasado en un edificio, y que no pueden ser atribuidos a una enfermedad o causa específica.

Son señales del “síndrome del edificio enfermo”:

    • La presencia de síntomas agudos, como irritación de ojos, nariz y garganta, sequedad de piel, tos, ronquera y respiración sibilante, náuseas y mareos, dificultad de concentración, cansancio y sensibilidad a los olores.
    • El hecho de que la mayor parte de las molestias desaparezcan poco después de abandonar el edificio.
    • El desconocimiento de la causa: los síntomas no pueden ser atribuidos a una enfermedad contraída fuera del edificio, ni a estrés o insatisfacción relacionados con el trabajo, ni a otros factores psico-sociales. Pero si se ha comprobado que los síntomas se relacionan con la calidad del aire interior.

Las principales causas del síndrome del edificio enfermo son motivados al control inadecuado de los siguientes factores y parámetros:

  • Tomas de Ventilación Exterior.
  • Distribución del Aire.
  • Componentes Orgánicos Volátiles “VOC’s” interiores.
  • Compuestos Biológicos (bacterias, virus, hongos…) “mVOC’s.
  • Contaminantes químicos exteriores (procedentes de vehículos de motor o de tuberías de ventilación ajenas) e Interiores.
  • La humedad interna.
  • La temperatura interna.
  • Los Bio-Aerosoles y Partículas de otra Índole: pólenes, humo tabaco, polvo, etc.
  • Monóxido Carbono.
  • Dióxido Carbono.
  • La Electropolución.

Ventilación inadecuada: la crisis energética de los años 70 llevó a que los constructores diseñaran edificios con una mayor eficiencia energética; esto es, más aislado y con una menor ventilación exterior. El estándar de ventilación por persona se redujo a 0.14 m3/min. (El anterior estándar -0.42- se basaba fundamentalmente en la dilución y la eliminación de los olores corporales y fue el primer estándar establecido en 1962 por la ASHRAE). El incremento de molestias y de problemas para la salud que esta reducción originó hizo que los estándares volvieran a incrementarse: actualmente se considera que la ventilación por persona mínima debe ser 0.42 m3/min. (0.56 m3/min. en oficinas); en espacios tales como salas de fumadores la ventilación por persona puede tener que llegar hasta 1.70 m3/min. (ASHRAE Standard 62-1989). La ventilación inadecuada puede derivarse también de problemas en la distribución del aire inducidos por calentadores, ventiladores y el aire acondicionado.

Entre los contaminantes químicos interiores destacan los compuestos orgánicos volátiles (incluyendo formaldehído) y las partículas en general. Las principales fuentes de contaminantes químicos interiores son: el humo de tabaco; los productos de combustión, pegamentos, barnices, fotocopiadoras, artículos de limpieza, pesticidas, el polvo,  etc.

La solución al síndrome del edificio enfermo conlleva habitualmente a varias medidas que pueden resumirse en: identificación, eliminación o control de la fuente contaminante (polvo en diversos sitios, restricción de fumar, limpieza periódica de filtros, cambios de pinturas y alfombras, almacenamiento de potenciales tóxicos sólo en salas ventiladas, empleo de ellos cuando el edificio esté más vacío…) , aumento de las tasas de ventilación, limpieza del aire, cotidiana y programada , mejoramiento de nuestras defensas orgánicas, a la par de educación y comunicación sobre el problema.

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